Esa puta necesidad de perfección, que al principio comenzó como solo una mejora a mi vida, y terminó, mejor dicho, no terminó, me calcome viva día a día.
No me permite si quiera sonreír sin preguntarme cual estúpida me veo.
No soy capaz de arrancarla de mi ser, pues es un tatuaje que va cubriendo cada parte de mí cuerpo, poco a poco, y no me doy cuenta que tan grave es.
Decidí ignorarla, pero no me es posible.
Me miro en el espejo, y esta me dice: "Dios santo, que asco, mírate, estas horrible, no te cambies de nuevo frente a mí, puta. ¿Qué no te da pena mirarte?"
Pues si, gracias a esta puta necesidad de perfección, que no solo abarca el ser guapa, si no el hacer todo a la perfección.
Fingir que no te importa hacerlo todo mal, cuando por dentro te reprimes y escuchas esas pequeñas voces que cada vez son más grandes gritandote montones de estúpideces que no quisieras escuchar, ¿pero qué puedes hacer en su contra?
Absolutamente nada.
Una vez que estas dentro, te has jodido, pues para olvidarte de ella, solo hay una salida.
Ser perfecta, y aceptarlo.
domingo, 9 de diciembre de 2012
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


0 comentarios:
Publicar un comentario